Astrónomos descubren un planeta que apenas se está formando

Un grupo de astrónomos del Centro de Astrofísica de la Universidad de Harvard, encontró evidencia de un planeta formándose en una estrella joven a tan solo 518 años luz de la Tierra. Ello supone, además, un paso más en la búsqueda de planetas parecidos a la Tierra que puedan albergar vida.

Astrónomos descubren un planeta que apenas se está formando

Por Julio García G. / Periodista de Ciencia

El pasado 2 de septiembre, a los 92 años, falleció Frank Drake. A este astrónomo estadounidense, especializado en radioastronomía, se le recuerda por una ecuación que lleva su nombre, la `ecuación de Drake’, la cual define con claridad qué posibilidades hay de que existan planetas capaces de albergar vida fuera del sistema solar. 

También, Drake dirigió numerosos proyectos para buscar civilizaciones extraterrestres. Uno de los más representativos fue el proyecto Ozma que, en los años sesenta, y con el apoyo de la Universidad de Cornell, se convirtió en uno de los más representativos en aquella época (Carl Sagan también participó en este proyecto). Con el paso de los años, Ozma se convirtió en el proyecto SETI, el cual hasta la fecha sigue vigente.

Desafortunadamente, y a pesar de todos los esfuerzos puestos en ello, hasta el momento no se ha descubierto ninguna civilización extraterrestre, por lo que Drake se fue a la tumba sin conocer la posibilidad de que exista vida avanzada, ya ni siquiera otras formas de vida, en otros planetas.

Por suerte, no solamente proyectos como SETI están impulsando la búsqueda de vida extraterrestre, ya que desde varios frentes como el de la astronomía y la radioastronomía continúa la exploración de planetas que puedan albergar alguna forma de vida. 

De hecho, hasta el momento, ya se han descubierto más de 5 mil planetas fuera del sistema solar y algunos de éstos podrían albergarla porque son parecidos al nuestro en cuanto a su composición química, a su atmósfera, a su tamaño y por supuesto al hecho de que se encuentran en la llamada zona de habitabilidad –una región virtual entre la estrella que hospeda a un planeta– donde el agua puede prosperar en estado líquido. Un hecho fundamental para que la vida tal y como la conocemos pueda surgir y desarrollarse.

Por lo pronto, hasta el momento no existe absoluto consenso entre los astrónomos con respecto a cuál es el método idóneo para buscar planetas y vida en otros mundos. En lo que sí hay consenso es en el hecho de que los planetas nacen de discos protoplanetarios.Estos discos están formados de polvo y gas que rodea a estrellas jóvenes que acaban de nacer.

Sobre el reto que representa buscar planetas que acaban de formarse a partir de discos protoplanetarios, el astrónomo Feng Long, del Centro de Astrofísica de la Universidad de Harvard, lo dejó muy claro en una entrevista concedida al portal de internet Phys.org.

Long señaló que “detectar directamente planetas recientemente formados es un gran reto y hasta hoy esto ha sido posible solamente en uno o dos casos”.

Los telescopios ópticos, así como los radiotelescopios -que funcionan captando ondas de radio en diferentes longitudes de onda- son los instrumentos con los que cuenta la humanidad para buscar planetas. Pero éstos tienen sus limitaciones, ya que muchas veces los planetas recién formados aparecen muy débiles para ser observados debido a que se encuentran dentro de capas delgadas de polvo y gas.

Pero Long y sus colegas han desarrollado un nuevo método para poder interpretar de mejor forma los datos que provienen de observaciones de planetas recién formados que se encuentran dentro de capas de polvo y gas. 

Para ello Long y su equipo volvieron a examinar un disco protoplanetario conocido como LkCa 15, situado a 518 años luz. Este disco se encuentra en la constelación de Tauro y otro equipo de científicos ya había reportado evidencia de formación planetaria dentro de este disco en 2019, utilizando observaciones provenientes de los radiotelescopios ALMA que se encuentra en Chile.

Lo que Long descubrió a través de esta nueva inspección de LkCa 15, fue un anillo de polvo con dos grupos separados y brillantes de material orbitando dentro de él.

Posteriormente, el científico examinó el escenario con modelos computacionales para intentar descubrir qué estaba causando la acumulación de material y descubrió que su tamaño y ubicación coincidían con el modelo que permitiría la presencia de un planeta.

Así, el nuevo planeta descubierto por Long y sus colegas muestra que éste tiene aproximadamente el tamaño de Neptuno o Saturno y posee entre uno y tres millones de años, por lo que es bastante joven.

Como podemos apreciar a partir de la experiencia de Long, para mejorar la capacidad de observación de los telescopios y radiotelescopios es necesario también que los astrónomos recurran a los modelos computacionales para así poder afinar y mejorar sus observaciones.

Quizá, el modelo que acaba de plantear este creativo astrónomo sirva para mejorar cualquier observación en el que estén implicados planetas jóvenes que se encuentren escondidos entre polvo y gas.

Esto permitirá, evidentemente, el descubrimiento de más planetas fuera de nuestro sistema solar, sobre todo en estrellas jóvenes que tengan el potencial de albergar planetas que sean capaces de albergar vida, aunque no sea necesariamente vida avanzada y consciente.

Sobre la capacidad de los telescopios actuales para buscar planetas fuera de nuestro sistema solar, la prueba más tangible de su capacidad la ha demostrado el recientemente puesto en órbita Telescopio James Webb.

Mediante este telescopio –cuyo espejo compuesto por berilio y oro mide 6,5 metros de diámetro– se ha podido identificar ya la composición química de la atmósfera de planetas distantes. 

Sin embargo, como apunta un reciente estudio del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT, por sus siglas en inglés), las herramientas que los astrónomos suelen utilizar para decodificar las señales basadas en la luz (como las que capta el telescopio James Webb y otros telescopios), podrían no ser suficientemente buenas para interpretar con precisión los datos que provienen del telescopio James Webb.

El estudio del MIT también señala que “los modelos de opacidad, así como las herramientas que modelan cómo la luz interactúa con la materia en función de las propiedades de esta última, pueden necesitar un ajuste significativo para que coincidan con la precisión de los datos del James Webb”.

Y resulta que si estos modelos que actualmente utiliza el James Webb no son tan refinados como se pensaba, entonces cuestiones tales como las propiedades de las atmósferas planetarias -como su temperatura, presión y composición elemental- podrían estar desfasadas en un orden de magnitud importante. 

Por lo tanto, no es que el telescopio James Webb se encuentre mal diseñado –o que no sirva para buscar planetas extrasolares– sino que, como propone este nuevo estudio del MIT, tendrían que mejorarse los modelos de interpretación de datos provenientes de este y otros telescopios que en el futuro se pongan en funcionamiento.

En lo que toca a las ansias del ser humano por no sentirse tan solo y abandonado en el universo, estoy convencido de que gracias a los nuevos modelos de interpretación de datos que se propongan, así como a la gran capacidad de observación de los próximos telescopios, podremos algún día encontrar vida en otros planetas.

Quizá la vida que encontremos no sea aún consciente de sí misma y por tanto no sea vida inteligente. Aunque, por otro lado, quizás nos encontremos con seres capaces de ser conscientes de sí mismos y, por tanto, de seres con la capacidad de poder entablar algún tipo de comunicación con nosotros.

Si se pudiera producir un tipo de comunicación con otra civilización, ¿cómo sería ésta?, ¿qué lenguaje utilizaríamos para poder comunicarnos? Es probable que sea el lenguaje de las matemáticas el vehículo idóneo para entablar dicha comunicación, ya que éstas son el lenguaje de la naturaleza.

Aunque también es probable que la vida inteligente sea un asunto casi improbable en el universo o que se encuentre muy lejos y que por lo tanto nunca podemos tener algún tipo de comunicación con otra civilización. No lo sabemos.

Pero afortunadamente la ciencia -cuya capacidad para darse cuenta de sus propios errores y corregirlos- está ahí para tratar de resolver todas estas y otras interrogantes que son parte de nuestra innata curiosidad.

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